EXPOSICIÓN > Edad del Hierro > ASAS DE “BRASERO” DE LA NECRÓPOLIS DE LA JOYA

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Fotografía:
Fotografía: Imagen de ASAS DE “BRASERO” DE LA NECRÓPOLIS DE LA JOYA
- Organismo financiador: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte
- Denominación: ASAS DE “BRASERO” DE LA NECRÓPOLIS DE LA JOYA
- Procedencia: Necrópolis de La Joya, Tumba 18 (Huelva, España)
- Tipo de Objeto: Elemento suntuario metálico
- Material / Soporte: Bronce ternario
- Morfología / Descripción:
Elementos de prensión de un recipiente del tipo denominado “brasero ritual” integrados por dos asas móviles y sus soportes. Los soportes son curvados, de sección convexa, rematados en estilizadas manos abiertas por el dorso que presentan en la muñeca un adorno a modo de pulsera o brazalete. Los soportes se unen al borde del “brasero” por su cara posterior mediante cuatro remaches que asoman al exterior e incorporan dos pequeños anillos radiales de sección circular que sujetan las asas. Éstas son prácticamente idénticas, formadas por un fuste ancho de sección circular, con los extremos vueltos y rematados en sendas caperuzas que adoptan forma de cabezas hathóridas en bulto redondo aunque su forma es plana por detrás. Son piezas independientes que han sido ajustadas a los extremos del asa mediante remaches. Las asas presentan en la zona de inflexión unas pequeñas anillas.
- Uso / Función:
Las asas y soportes pertenecen a un recipiente suntuario con función ritual/funeraria
- Cronología:
Contexto Cultural: Primera Edad del Hierro (Periodo Orientalizante)
Datación: Siglo VII a.C.
- Técnica:
Fundición a la cera perdida. Remaches.
- Contexto de Hallazgo:
Las piezas catalogadas pertenecen a un “brasero” hallado en la Tumba 18 de la necrópolis de La Joya. Se trata de una tumba parcialmente destruida que consta de dos fosas o pozos rectangulares de distinto tamaño excavados en el conglomerado cuaternario del cabezo. En el pozo más pequeño se localizaron los restos de madera y piezas metálicas conservados de un carro; en el pozo de mayor tamaño aparecieron los restos óseos de una inhumación y una urna cineraria, así como el equipo fúnebre correspondiente al ajuar que estaba compuesto por el “brasero”, un jarro de bronce, un aro de bronce interpretado como refuerzo de un escudo, un cetro de marfil con contera de bronce, cilindros de piedra y diversos recipientes cerámicos.
- Contexto Histórico:
Durante el siglo VIII a. C., y una vez producido el establecimiento definitivo de las colonias fenicias en el sur de la Península Ibérica, una serie de cambios observables en el registro arqueológico permiten hablar de la transición hacia un periodo "orientalizante" en consonancia con la difusión por el Mediterráneo de objetos y modas de procedencia oriental protagonizada primero por los fenicios y más tarde también por los griegos. Las cerámicas a torno y otras importaciones de carácter suntuario comienzan a hacer su aparición en los poblados tartésicos y en las necrópolis de esta época, al tiempo que los asentamientos se van conformando cada vez más con una trama urbana en la que se generaliza una arquitectura cuadrangular en piedra y tapial. El desarrollo posterior producido durante el siglo VII a. C. en las comunidades tartésicas permitió la consolidación de centros hegemónicos o de poder en los que convergían las funciones religiosas, de redistribución de bienes (económico-fiscales) y de control territorial (política). Aspectos destacables de la organización social y económica de esta fase son la creación de fortificaciones y la aparición a gran escala de escorias metalúrgicas de plata, síntomas de que la economía dependía en gran medida del control de la comercialización de la producción de este metal. El modelo de poblamiento detectado en esta época supone la existencia de una estructura plenamente urbana, con la jerarquización del territorio y el control de los recursos y el comercio con los fenicios. De esta manera, las aristocracias tartésicas vieron su poder reforzado, antes que disminuido, gracias al fenómeno colonial. El capital económico y simbólico acumulado en las tumbas principescas de las necrópolis tartésicas destaca la preeminencia de estos grupos aristocráticos en la sociedad orientalizada del Suroeste peninsular. En las postrimerías del siglo VI a. C., y, probablemente, como resultado de un complejo conjunto de factores económicos y políticos, la otrora dinámica y poderosa civilización tartésica se desvanece. Su lugar fue ocupado en la Andalucía occidental, en un proceso de evolución continua, por la cultura turdetana, menos brillante y espectacular que su antecesora desde el punto de vista de la cultura material.
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